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viernes, 4 de noviembre de 2011

La noche en la que pudo estallar la Tercera Guerra Mundial, el 26 de septiembre de 1983.

A lo largo de las cuatro décadas en las que duró la Guerra Fría que tenía enfrentadas a las potencias de Estados Unidos y la Unión Soviética, se produjeron un buen número de momentos de alta tensión entre ambas, con el consiguiente riesgo de tener algún conflicto armado. Uno de estos instantes hizo temer lo peor, y es que la sombra del estallido de la Tercera Guerra Mundial se cernió durante la medianoche del 26 de septiembre de 1983, en la que la providencial actuación de un miembro del ejército soviético evitó llevar al planeta a un desastre bélico de nefastas consecuencias.



El Teniente Coronel Stanislav Petrov tenía encomendada una importante misión dentro del entramado militar del ejército soviético: controlar los ordenadores y radares antimisiles ante el posible ataque por parte de los norteamericanos. Tenía instrucciones específicas desde el Kremlin en caso de recibir un ataque con misiles nucleares: la Unión Soviética tenía previsto el lanzamiento de una ráfaga de misiles como contraataque. El día que eso ocurriese el planeta estaría en un grave peligro.
Pasaban 14 minutos de la medianoche del recién estrenado día 26 de septiembre. Todo estaba en calma, cuando de repente las alarmas del equipo comenzaron a sonar, advirtiendo que un misil estadounidense se dirigía hacia la Unión Soviética. Todos los militares presentes se dispusieron a poner en marcha el protocolo establecido en caso de ataque, pero el Teniente Coronel Petrov pidió calma a sus compañeros e intentó razonar que, muy posiblemente, se trataba de algún error de los servicios informáticos.
Sus argumentos, aunque eran simples hipótesis, se basaban en lo siguiente: suponiendo que Estados Unidos desease realizar una acción bélica contra la URSS, no lanzaría un solo misil y su ofensiva sería la de lanzar muchísimos más, tal como harían los soviéticos a la inversa.
Sin embargo, el sistema detectó un segundo lanzamiento, por lo que los argumentos esgrimidos por Petrov quedaban diluidos. El Kremlin, en contacto directo con el centro de operaciones, pedía respuestas rápidas y eficaces. El tiempo para encontrar soluciones se agotaba. Todos estaban muy nerviosos, mientras que el Teniente Coronel parecía mostrar una calma fuera de lo común.


La alarma por un tercer misil lanzado comenzó a sonar, después apareció un cuarto lanzamiento y hasta un quinto. El sonido de las alarmas era ensordecedor. La pantalla del ordenador que se encontraba frente a Petrov mostraba el mensaje "INICIO" de forma intermitente y letras brillantes. Una tecla frente a él era la que determinaría si se comenzaba un contraataque masivo de misiles nucleares contra intereses norteamericanos. Un sudor frío recorría la sien de todos los presentes. Había gritos y órdenes para que apretase el botón y se llevase a cabo el protocolo de seguridad.
Stanislav Petrov, sin tener la absoluta seguridad de que su intuición era correcta, decidió no llevar a cabo el ataque y esperar para ver qué era lo que ocurría. Las pantallas de los ordenadores comenzaron a llenarse de trayectorias de misiles que caían sobre objetivos de la URSS, pero no ocurrió nada. Las alarmas comenzaron a dejar de sonar y la calma se fue apoderando del centro de operaciones. Tras unas cuantas llamadas para confirmar que ningún misil había impactado sobre suelo soviético, la celebración y júbilo se apoderó de todos los presentes, felicitándolo por su acierto. Su decisión había sido la correcta. Stanislav Petrov había evitado una guerra nuclear en todo el mundo. Se había convertido en un héroe.
No obstante, el héroe se encontraría con un importante problema: había desobedecido el procedimiento militar, desafiando las advertencias de su equipo y las órdenes desde el Kremlin. Debido a esto, sería sometido a un intenso interrogatorio por parte de sus superiores acerca de sus acciones y decisiones durante esos momentos de vital importancia. Tal vez porque había ignorado las advertencias, ya no era considerado un militar de confianza. En las fuerzas armadas las órdenes y los procedimientos deben llevarse a cabo indefectiblemente.
Finalmente, Stanislav Petrov no fue castigado por ello, pero tampoco recibió recompensa ni honor alguno por su heroica y valiente decisión. Su importante y prometedora carrera militar había llegado a su fin. Tras un corto espacio de tiempo asignado a un puesto sin responsabilidad, fue retirado de las fuerzas armadas y, a sus 44 años de edad, pasó a ser un 'jubilado'.
La historia de estos hechos no vio la luz hasta el año 1998 y fue conocida con el nombre de "el Incidente del Equinoccio de Otoño". La explicación a lo sucedido fue bien sencilla: los radares antimisiles colocados en los satélites estaban configurados para detectar cualquier variación en la señal térmica. Un cúmulo de casualidades hizo que la tierra, el sol y los satélites quedasen alineados debido a la entrada del equinoccio de otoño, que se producía en esas fechas. Los aparatos lo detectaron y lo interpretaron como misiles nucleares.
El 19 de enero de 2006 la heroicidad de Stanislav Petrov fue reconocida pública y oficialmente, recibiendo un merecido homenaje por parte de la ONU y la Association of World Citizens.

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